El manejo de 10 toneladas de residuos garantiza el Premio Basura Cero a la Cúpula de los Pueblos y refuerza que las soluciones a la crisis climática nacen de la vivencia en los territorios

POTENCIA CLIMÁTICA El trabajo de cooperativas de recicladores, movimientos y organizaciones generó bioinsumos para la producción agroecológica, conectando justicia climática y soberanía alimentaria. La Cúpula de los Pueblos transformó el tratamiento de más de 10 toneladas de residuos generados entre el 12 y el 16 de noviembre en una demostración política de que las soluciones a la crisis climática nacen en los territorios. La iniciativa garantizó el manejo integral de los desechos, valorizó el trabajo de los recicladores y le otorgó al evento el Premio Basura Cero, un reconocimiento nacional que evidencia que la gestión ambiental justa solo es posible con participación popular e infraestructura construida junto a las cooperativas. A lo largo de los cinco días de programación en la Universidad Federal de Pará (UFPA), el manejo se organizó a partir de pilares estructurantes como reciclaje popular, agroecología y prácticas alineadas al concepto Basura Cero, además de los ejes Limpieza, Selección y Destinación, y Educación Ambiental. “Kallen Oliveira, coordinadora del Grupo de Trabajo de Residuos e integrante del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra, explicó que en el eje de limpieza se destacó la fuerza de las mujeres de la economía solidaria y del equipo de la UFPA, responsables del cuidado cotidiano de los espacios. Aquí, el aspecto político es directo porque cuando la limpieza es realizada por colectivos populares, genera ingresos, autonomía y dignidad”, señaló. “En el eje de selección y destinación actuamos junto a la Central de la Amazonía y cinco cooperativas de recicladores. La experiencia demostró una vez más que las cooperativas dominan tecnologías sociales que funcionan, como la separación manual cuidadosa, la organización del flujo de materiales y el máximo aprovechamiento de los reciclables. Todo esto es fruto de décadas de conocimiento acumulado que debe ser valorizado como ciencia popular”, continuó. “En el eje de educación ambiental, la juventud formada por hijos de cooperados, becarios y voluntarios llevó información al público, recolectó datos para la investigación académica y, sobre todo, mostró que el cambio de comportamiento nace del diálogo directo y de la presencia cotidiana”, completó. El modelo articuló cooperativas, juventudes, recicladores y universidades en una operación que unió técnica, movilización popular y una elección política clara que afirma que no habrá justicia climática sin justicia para quienes cuidan la vida y los bienes comunes de la naturaleza. La operación fue conducida por el Grupo de Trabajo de Residuos, que reunió al Movimiento Sin Tierra (MST), el Movimiento de Mujeres del Tapanã, el Consejo Estatal de Seguridad Alimentaria y Nutricional y la Central de la Amazonía compuesta por las cooperativas Concaves, Hijos del Sol, Catasalvaterra, Cocamar y Cocadout. El apoyo del Ministerio de Trabajo y Renta y de la UFPA, a través de FADESP, garantizó los recursos necesarios para la movilización y la construcción de la infraestructura. Para asegurar que la estrategia funcionara, se montó el Centro de Residuos Carolina Maria de Jesus, instalado en la Universidad Federal de Pará. El espacio funcionó como un galpón donde todo el material fue seleccionado, separado y organizado para su destinación. Más de 170 personas trabajaron directamente en la gestión y en la educación ambiental a lo largo de la Cúpula. Kallen Oliveira afirma que la experiencia confronta modelos tradicionales de grandes eventos. “Mientras los espacios oficiales de la COP 30 apuestan por soluciones de mercado, demostramos que el pueblo organizado es capaz de tratar los residuos con responsabilidad y dignidad”. El centro también se convirtió en un espacio de formación permanente, ya que hijas e hijos de recicladores, estudiantes universitarios, cooperados y voluntarios condujeron un proceso de sensibilización que integró al público de la Cúpula a las prácticas sostenibles. Recorrieron los espacios explicando el trabajo, orientando el descarte adecuado y realizando entrevistas con los participantes. Los universitarios becarios y los hijos de recicladores participaron en un proceso de formación guiado por docentes de la UFPA y educadores de las cooperativas. Las entrevistas realizadas por este grupo generaron datos cualitativos para la investigación en curso sobre la percepción ambiental del público. Entre las jóvenes educadoras estaban Isabela Baia y Emilly Bastos Baia, quienes identificaron la necesidad de reforzar la orientación para reducir los errores en el descarte. “Nosotras trabajamos con educación ambiental. La mayoría viene a la COP pero no conoce el proceso. Vamos a educar a estas personas para que en el futuro no tengamos tantos problemas con el descarte”, explica Isabela. “Muchas personas no tienen información y acaban mezclando todo. Cuando todo se descarta junto, el trabajo de las cooperativas se vuelve más difícil”, agrega Emilly. Débora Baia, de la Cooperativa de Recicladores de Materiales Reciclables Concaves, explica que la visibilidad también aumentó gracias al “reciclómetro Concaves”, una tecnología social que contabiliza públicamente la cantidad de residuos generados en el evento. El equipo fue creado a partir de un software desarrollado en Paraná, donde se están realizando inversiones en cooperativas de reciclaje. Débora cree en la valorización del trabajo y en el papel educativo que surge de la visibilidad. “En la Cúpula empezamos con el reciclómetro. Papel, plástico, vidrio, orgánico, todo se pesa y actualizamos el panel diariamente. También es una herramienta de educación ambiental porque el público empieza a comprender lo que genera un evento como este. Hay generación de ingresos, puestos de trabajo y, principalmente, destinación adecuada que cuida del medio ambiente”, afirma. Para Kallen, la experiencia revela algo aún mayor. “La solución a la crisis climática no vendrá del lucro, vendrá del pueblo organizado que conoce la tierra y la cuida”. Tecnología social, compostaje y economía popular Todo el flujo de residuos fue tratado dentro de la propia UFPA. Se instalaron recolectores selectivos de manera estratégica y los materiales fueron enviados al galpón para su selección. Los reciclables se destinaron a las cooperativas, garantizando generación de ingresos. Los residuos orgánicos pasaron por un proceso de compostaje acelerado con tecnología operada por Concaves. La propuesta rescató la dimensión social del trabajo de los recicladores, reconociendo su centralidad en la cadena ambiental. Al tratar los residuos de forma adecuada, la Cúpula evitó el envío a

El Tribunal Feminista Internacional condena el modelo de explotación que genera la crisis climática y la violación de mujeres y territorios. La denuncia será presentada ante la Corte Interamericana

En una decisión histórica, el Tribunal Feminista Internacional realizado durante la Cumbre de los Pueblos rumbo a la COP 30 analizó nueve casos del Sur Global sobre cómo las crisis política, económica, social, de seguridad y climática afectan las vidas y los derechos de mujeres y disidencias sexuales. El modelo capitalista extractivista, racista y patriarcal fue condenado y ahora los Estados y corporaciones serán denunciados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por crímenes de lesa humanidad y violaciones de los derechos de la naturaleza. El Tribunal fue organizado por la Iniciativa Internacional de Mujeres sobre Cuerpos y Territorios, la Articulación de Mujeres Brasileñas, el Grupo de Defensa de Mujeres y Cambio Climático del Perú y la Coalición Global por los Bosques. La iniciativa se desarrolló como parte del eje temático “Feminismo Popular y Resistencia de las Mujeres en los Territorios”, que movilizó movimientos, organizaciones y redes a lo largo de 2024 y 2025. En el juicio, realizado el 13 de noviembre en la Carpa Plenaria de la Universidad Federal de Pará, fueron analizadas nueve denuncias presentadas por mujeres y disidencias de Palestina, Haití, Sáhara Occidental, Perú, Brasil, Venezuela, Chile y el estado de Pará en Brasil. A lo largo de toda la sesión, los casos revelaron la amplitud de las violencias que atraviesan los cuerpos, las vidas y los territorios de mujeres y personas disidentes en medio de crisis políticas, económicas, sociales, de seguridad y climáticas. Las denuncias convergieron en un diagnóstico común. El modelo capitalista extractivista, racista y patriarcal continúa profundizando desigualdades e instaurando nuevas formas de colonización que se expresan tanto en la captura de los territorios como en la violación de los cuerpos. La conclusión fue que cada caso presentado muestra diferentes expresiones de un mismo sistema de opresiones. Los casos expuestos por mujeres del Sur Global dejaron claro que existe una intersección entre las violencias de género, geopolíticas, económicas, sociales, ambientales, raciales, transfóbicas y climáticas que afectan sus cuerpos y territorios, sus impactos y las formas de resistencia frente a un orden opresor contra el cual sostienen una lucha articulada por una convivencia pacífica sin discriminación con justicia en equilibrio con la naturaleza y celebrando la diversidad. Así registra un fragmento de la sentencia. El Tribunal fue presidido por Celia Xakriabá, lideresa indígena y diputada federal de Brasil. La bancada de juezas estuvo compuesta por Sophie Dowlar, de la Marcha Mundial de las Mujeres en Kenia, Uli Arta Siagian, activista de Indonesia, Nazely Vardanyan, de Armenian Forests, y Marisol García, lideresa indígena kichwa de la Amazonía peruana. La diversidad geopolítica de las magistradas reforzó el carácter internacional y popular del juicio. Las situaciones denunciadas fueron tratadas como evidencias de un engranaje global que combina racismo ambiental, violencia de género, militarización, represión política, explotación económica y destrucción ambiental. Para el Tribunal, estas violaciones forman un continuo que atraviesa fronteras y se intensifica con la crisis climática, agravado por la omisión y el negacionismo de Estados con gran poder político y económico. Los testimonios revelan la red de violencias que atraviesa el Sur Global. Los relatos expuestos ante el Tribunal mostraron la intersección entre violencia de género, invasión territorial, conflictos armados, crisis climática, racismo, transfobia y destrucción ambiental. Del Pará a Palestina, mujeres y disidencias sufren, resisten a las violaciones, hacen eco de múltiples gritos de dolor y esperanza y continúan organizándose. Assalah Abu Khdeir, de Palestina, denunció el genocidio impuesto por el Estado de Israel contra su pueblo, donde mujeres y niñas son las principales víctimas del hambre, de la falta de atención médica y de la violencia militar. Reivindicó el derecho a vivir con paz y autonomía. Desde Haití, Juslene Tyresias, de La Vía Campesina, relató el avance de la violencia física, psicológica y sexual derivada de la inestabilidad política y de la actuación de bandas armadas. El cambio climático profundiza la crisis y fuerza el desplazamiento de mujeres y niñas. La saharaui Chaba Siny reivindicó el derecho a la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental y denunció la represión marroquí. Afirmó que no existe justicia climática mientras haya ocupación militar y restricción de las libertades políticas de las mujeres. Olivia Bisa Tirko, lideresa indígena de la Nación Chapra en Perú, acusó al Estado de pactar con corporaciones responsables de ecocidio y violencia contra defensores ambientales. Preguntó por qué tres décadas de COP no fueron capaces de contener la crisis climática. Desde Brasil, Beku Gogti, mujer xikrin e integrante del Movimiento por la Soberanía Popular en la Minería, relató los impactos de la contaminación de los ríos causada por la empresa Vale, que afecta especialmente a gestantes y niñas y niños de su comunidad. Cledeneuza Bizerra, quebradora de coco babaçu del estado de Pará, denunció la destrucción de modos de vida tradicionales y el avance del agronegocio sobre áreas de uso común. Reafirmó que las mujeres rurales alimentan al mundo y que el dinero no se come. La venezolana Alejandra Laprea describió los efectos devastadores del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, que precariza la vida de las mujeres responsables del cuidado y aumenta su vulnerabilidad a la violencia. El caso de la lideresa mapuche Julia Chunil, desaparecida en 2024 mientras defendía su territorio de empresas del agronegocio, fue presentado por María José Lubertino, quien exigió la responsabilidad del Estado chileno por permitir que violaciones de esta gravedad ocurran. Desde la Amazonía paraense, Melisandra, de la Casa Cura, expuso la violencia estructural que afecta a mujeres trans. Denunció el odio, la transfobia, el racismo religioso y la negligencia del Estado brasileño, país que encabeza el ranking mundial de asesinatos de personas trans. La escucha de estos testimonios frente a una carpa colmada evidenció que el neocolonialismo hoy se disfraza de proyectos de inversión y acciones climáticas que en la práctica desterritorializan a pueblos y comunidades para generar lucro a grandes corporaciones. Las juezas destacaron que la omisión de los Estados es parte del problema y profundiza la violación de derechos. El veredicto va más allá de recomendaciones y exige reparaciones. Al anunciar el

Redes globales de justicia climática denuncian un plan vacío y acusan a los países del Norte de manipular narrativas en la COP 30

En el último día de la COP 30, las redes internacionales Demand Climate Justice (DCJ) y Climate Action Network International, que representan a cientos de organizaciones en todo el mundo, realizaron una conferencia conjunta para denunciar públicamente el plan presentado en las negociaciones. Las redes afirman que el documento no contiene compromisos reales de financiación climática y que ha sido utilizado como herramienta para bloquear las demandas más urgentes de los pueblos del Sur Global. Lidy Nacpil, del Asian Peoples’ Movement on Debt and Development e integrante de DCJ, fue la encargada de presentar la declaración. Las organizaciones explicaron que participaron activamente en las movilizaciones que presionaron por un lenguaje firme sobre la necesidad de una transición rápida, equitativa y justa para salir de los combustibles fósiles, incluso durante la COP de Dubái. Según Lidy, ninguna transición es posible sin financiación climática y esta condición es aún más decisiva para los países del Sur, que enfrentan desigualdades históricas agravadas por la crisis climática. La crítica al llamado plan ganó fuerza ante lo que las redes describen como un intento del Norte Global de fabricar consenso y difundir narrativas falsas. Para ellas, el documento es vacío porque no presenta compromisos concretos, no ofrece mecanismos claros para garantizar una transición justa y, en lugar de avanzar, bloquea cada etapa de las negociaciones. Además, afirman que el plan está siendo utilizado para paralizar otras cuestiones esenciales como reparación, responsabilidad histórica y medios de implementación. En la misma línea, Nancy Kacungira destacó que el plan ignora por completo las realidades de las comunidades más afectadas. “Este documento no habla con nosotras ni por nosotras. Sirve a los intereses de quienes se benefician de la destrucción e intenta convertir nuestras demandas legítimas en ruido político. No lo aceptaremos”, afirmó. Lidy también cuestionó la narrativa que intenta atribuir a los países en desarrollo una supuesta falta de ambición climática. Para las redes, esta versión no refleja la realidad y sirve para desplazar la responsabilidad de quienes más emiten y más se benefician de la crisis climática. La expectativa es que la COP 30 sea realmente la COP de la verdad, como anunció la Presidencia, y que eso implique reconocer quién está bloqueando los avances. El mensaje final enviado por las organizaciones fue claro. Sin financiación climática concreta y sin garantías reales para una transición justa, el plan presentado no tiene ningún significado para los pueblos del Sur Global que ya viven los impactos más severos de la crisis climática.

Incendio en la zona de la COP30; Cumbre de los Pueblos y delegaciones a salvo tras evacuación rápida

Belém (PA), 20 de noviembre de 2025 – Un pequeño incendio se desató este jueves (20) por la tarde en una zona de la Zona Azul de la 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Belém. El incidente provocó la evacuación inmediata de los participantes y los equipos que se preparaban para la agenda de la tarde. Detalles del incidente El incendio comenzó alrededor de las 14:00 (hora local) en una parte del complejo que alberga las negociaciones oficiales. Los bomberos de la COP actuaron de inmediato y se solicitó la intervención del Cuerpo de Bomberos Militares de Pará. Los organizadores de la COP30 informaron que el incendio fue controlado rápidamente, evitando que se propagara a otras estructuras. No se reportaron heridos, solo daños materiales en la zona afectada. Impacto en la programación y la evacuación En el momento del incidente, la Cumbre de los Pueblos tenía programada una actividad. Todo se suspendió y todos los participantes de la COP, incluyendo las delegaciones de la Cumbre de los Pueblos, las autoridades y los negociadores internacionales, fueron evacuados del edificio de la Zona Azul siguiendo los protocolos de seguridad. Foto: Agência Brasil

DENTRO DE LA COP Liderazgo de la Cumbre afirma que el financiamiento climático no es caridad, sino responsabilidad histórica y reparación.

En una conferencia de prensa dentro de la zona azul de la COP30, la activista india Rachitaa Ramesh, integrante de la campaña internacional Demand Climate Justice (DCJ) y de la Comisión Política de la Cumbre de los Pueblos, sintetizó la urgencia que marca las negociaciones climáticas en este momento decisivo rumbo a la COP30 en Belén. Para ella, los recursos destinados a la adaptación, a las pérdidas y daños y a la transición lejos de los combustibles fósiles deben ser públicos, basados en donaciones y nunca en mecanismos que empujen a países y comunidades vulnerables a nuevas deudas por una crisis que no provocaron. “Nuestras comunidades no deben ser empujadas a deudas aún mayores por desastres que no causaron”, defendió, al advertir que el escenario político global actual está marcado por retrocesos y por un creciente esfuerzo de las grandes potencias económicas para transferir riesgos y responsabilidades a los países más pobres. Según Rachitaa, mientras el discurso público de los países ricos aparenta compromiso climático, sus gobiernos siguen priorizando intereses corporativos, fortaleciendo mecanismos financieros que ofrecen poco o ningún apoyo real a las poblaciones en la primera línea de los impactos climáticos. Las consecuencias son devastadoras: los programas de adaptación siguen subfinanciados, las medidas de prevención fallan y las comunidades más afectadas permanecen en exposición permanente, teniendo que reconstruir sus vidas repetidamente tras eventos climáticos extremos. La activista también llamó la atención sobre los impactos diferenciados de la crisis climática en mujeres, pueblos indígenas, trabajadores y comunidades racializadas. Ignorar estas desigualdades, afirmó, produce políticas ineficientes e injustas. “Cuando hablamos de transición, necesitamos hablar de vidas. Y algunas vidas siguen siendo tratadas como desechables”, señaló. Rachitaa destaca que la transición energética no puede replicar desigualdades históricas y debe colocar a las comunidades en el centro de la toma de decisiones — no solo como beneficiarias, sino como liderazgos y protagonistas. Otro punto crítico planteado es la insistencia de los países del Norte Global en promover “soluciones” que profundizan el problema. Citó, por ejemplo, propuestas basadas en compensaciones de carbono, en créditos inciertos y en modelos financieros que se presentan como innovadores, pero que trasladan riesgos a los países del Sur. Para ella, estas iniciativas desvían la atención de medidas reales como reducir las emisiones en su origen, poner fin a la era de los combustibles fósiles y financiar de manera justa la transición global. “Vemos al mundo rico hacer promesas con una mano y retirarlas con la otra”, dijo. A partir de este diagnóstico, Rachitaa reforzó que solo será posible un financiamiento climático adecuado si los grandes emisores históricos asumen su responsabilidad. Entre los mencionados están Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, la Unión Europea, Australia y Japón. “La transición debe ser rápida, debe comenzar con quienes causaron la crisis y debe ser financiada por ellos”, destacó. Para ella, esto incluye tres pilares fundamentales: la adaptación, aún peligrosamente subfinanciada; las pérdidas y daños, esenciales para que las comunidades puedan reconstruir casas, vidas y economías; y recursos suficientes para una transición justa capaz de alejar al mundo de los combustibles fósiles sin sacrificar derechos sociales y ambientales. La Cumbre demuestra la fuerza de la movilización global En medio de este escenario global, la Cumbre de los Pueblos realizada en Belén adquiere gran relevancia, según Rachitaa, por demostrar que la fuerza política proviene de las bases, los territorios y las comunidades organizadas. La movilización reunió a cerca de 24.000 personas en una amplia programación de una semana y en una marcha global por justicia climática que llevó a 70.000 personas a las calles. El encuentro, afirmó, mostró que existe un proyecto claro de justicia climática construido colectivamente, arraigado en las experiencias de quienes enfrentan desde hace décadas los impactos socioambientales más profundos. Esta movilización, sostiene, es lo que presiona a los gobiernos, expone contradicciones en las negociaciones internacionales y evita que las falsas soluciones avancen sin contestación. “La Cumbre de los Pueblos mostró que no estamos solos y que existe poder cuando nos movemos juntas y juntos”, concluyó.

La carta que sostiene el cielo: Los líderes populares presentan soluciones de la Cumbre de los Pueblos y exigen una participación efectiva en la COP30.

_Belém (PA), 18 de noviembre de 2025_ – En un evento paralelo que reflejó el éxito de la Cumbre de los Pueblos, las voces de las comunidades más afectadas por el cambio climático en Brasil y en todo el mundo se reunieron para debatir la Declaración Final de la reunión popular. El panel sirvió para reforzar el mensaje: la solución a la crisis climática ya se encuentra en los territorios, y el papel de los delegados de la COP30 es, por fin, escuchar y actuar. La Cumbre de los Pueblos, que congregó a más de 24.000 participantes y culminó con la histórica Marcha Mundial de 70.000 personas en Belém, se posicionó como el verdadero escenario para la Justicia Climática. La carta Auricélia Arapiun, de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB), expresó con contundencia el significado político del documento entregado a los negociadores: «Esta carta de la cumbre es la carta que nos sostiene para que el mundo no se desplome». La líder indígena denunció la falta de ambición de los gobiernos y la violencia constante contra los guardianes del bosque. Citando la celebración de la demarcación de 20 Tierras Indígenas en Brasil, subrayó la necesidad de avanzar aún más ante los graves conflictos que sufren los pueblos indígenas. “No basta con demarcar. También es necesario proteger. Es necesario proteger a quienes protegen”. Recordó que el asesinato de líderes indígenas constituye un genocidio que se agrava en Brasil, con más de 200 muertes registradas en un año, y exige que los gobiernos consideren de manera efectiva tratados internacionales como el Convenio 169 de la OIT. Nilce Pontes, de la Coordinación Nacional de Articulación de las Comunidades Rurales Quilombolas Negras (CONAQ), argumentó que los resultados de la Cumbre de los Pueblos demostraron la capacidad de movilización y confrontación ante la injusticia climática. Nilce recalcó la exclusión de los pueblos indígenas de los procesos de negociación y la necesidad de que la defensa del medio ambiente incluya a la persona. «Sin territorio, es imposible hablar de cambio climático, adaptación y resiliencia», declaró. La presión popular como factor de cambio El evento también sirvió para trazar el camino a seguir. Jesús Vázquez, de La Vía Campesina, enfatizó la necesidad de un análisis que destaque la vulnerabilidad de las personas más afectadas —la clase trabajadora y las personas marginadas— y que señale a los verdaderos responsables de la crisis: las «corporaciones internacionales» y los «gobiernos imperialistas». El moderador Pablo Neri (MST) celebró el éxito de la Cumbre —incluyendo la Marcha Mundial, el Desfile de Barcos y el Banquete, donde se sirvieron más de 300.000 comidas agroecológicas— y la satisfacción colectiva con el trabajo realizado. El mensaje final, compartido por Auricélia Arapiun, es de unidad y claridad: «Solo hemos cambiado de dirección, pero seguimos en el mismo pueblo. Por lo tanto, nuestros problemas son los mismos. Y la respuesta está en nosotros». La Declaración de la Cumbre se considera la “solución” clara para la humanidad, y ahora depende de la voluntad política de los gobiernos para aceptarla y garantizar la participación efectiva del pueblo en las decisiones.

La COP30 entra en su recta final bajo la presión mundial por la justicia climática y los cambios estructurales. Los miembros de la comisión política ejercen presión durante la apertura oficial.

Belém (PA), 17 de noviembre de 2025 – Las negociaciones en la 30.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) alcanzaron su punto decisivo en Belém, con la apertura del Segmento de Alto Nivel y la llegada de ministros. Representantes de la Cumbre de los Pueblos actúan ahora en el espacio oficial para impulsar la declaración aprobada por los movimientos y organizaciones. En la apertura, Maureen Santos y Rud Rafael, de Fase y MTST, respectivamente, entregaron la camiseta de la Cumbre al vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, como una forma de visibilizar aún más la lucha. Mientras que fuera de la COP, en el espacio autónomo de la Cumbre de los Pueblos, se percibía una fuerte presión desde las calles, dentro de la Conferencia, el momento se caracteriza por llamamientos urgentes a los países para que logren avances concretos y por la presión histórica de los movimientos sociales que exigen que los resultados prioricen la justicia popular y aborden las causas sistémicas de la crisis. Llamado a la acción inmediata y al fin de los obstáculos El segmento de Alto Nivel comenzó con un claro llamado a la rendición de cuentas. El Secretario Ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, enfatizó la profunda conciencia de los negociadores sobre lo que está en juego. Advirtió enfáticamente que “no hay tiempo que perder con dilaciones tácticas ni obstrucciones”, e instó a que se resolvieran sin demora los asuntos más complejos. La Presidenta de la Asamblea General de la ONU, Annalena Baerbock, recalcó que los fondos necesarios para la acción climática existen, pero deben reorientarse. Subrayó que, el año pasado, los países en desarrollo desembolsaron aproximadamente 1,4 billones de dólares estadounidenses en servicio de la deuda externa, una cantidad que podría destinarse de manera crucial a la mitigación, la resiliencia y la energía limpia. Esto refuerza el llamado a la cancelación de la deuda para los países en desarrollo. Transición de la negociación a la implementación Brasil, como país anfitrión y presidente de la COP30, abogó por que el evento iniciara una nueva fase global: la transición de un régimen de negociación a un régimen de implementación y, con ello, el compromiso de cumplir los objetivos establecidos. El presidente de la COP30, el embajador André Corrêa do Lago, informó que se extenderá la agenda de negociación, incluyendo sesiones vespertinas, para finalizar dos paquetes de decisiones esenciales. CUMBRE POPULAR: Presión democrática por la justicia Fuera de los muros de la conferencia oficial, la Cumbre Popular —considerada la más grande jamás celebrada, con más de 25.000 participantes y una marcha que congregó a más de 70.000 personas— formalizó sus demandas. Una declaración popular, resultado de cuatro días de debates, fue entregada a los líderes brasileños, entre ellos la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, y el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago. Maureen Santos afirmó que el evento demostró un ejemplo de democracia y multilateralismo, dando visibilidad a los grupos más afectados por la crisis, quienes también son los que proponen alternativas. Las principales demandas populares incluyen financiamiento sin deuda, preocupación por cómo se aborda el financiamiento climático y advertencias sobre el riesgo de generar nuevas “deudas ecológicas” para el Sur Global. Una transición justa ampliada que requiere extender el debate sobre la transición justa, más allá de las energías renovables, incorporando temas cruciales como la soberanía alimentaria, los derechos territoriales y las condiciones laborales. La PAA promueve alimentos saludables. Durante el evento paralelo, grupos como el Movimiento de Trabajadores Sin Hogar (MTST), con el apoyo del Movimiento Campesino Popular (MCP), la Red Nacional de Agroecología (ANA) y el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), desplegaron una operación logística que garantizó que la comida para las delegaciones registradas constituyera, en sí misma, una declaración política a favor de la agricultura familiar, los pueblos tradicionales y una transición agroecológica justa. En conjunto, organizaron una “cocina solidaria” que proporcionó más de 300.000 comidas gratuitas, centradas en productos agroecológicos y gastronomía amazónica, reforzando el mensaje de esperanza y resiliencia. Además, lograron el plan consolidado más grande jamás implementado bajo la Política de Adquisición de Alimentos (PAA).

Salió en la prensa: Fuera de las negociaciones oficiales, la justicia de género gana fuerza en las calles de Belém.

La Cumbre de los Pueblos entrega una carta con 15 puntos al presidente de la COP30 y reafirma que la justicia climática pasa por la justicia feminista Autora: Flávia Santos Edición: Jane Fernandes y Mariana Rosetti Traducción: Leandro Manera Miranda / Verso Tradutores “Queremos un mundo con justicia feminista”, exige la Carta de los Pueblos, documento elaborado por la Cumbre de los Pueblos, que reunió a más de 23.000 personas acreditadas entre el 12 y el 16 de noviembre en la Universidad Federal de Pará (UFPA). El texto, que presenta 15 puntos que sintetizan las demandas de los movimientos populares de todo el mundo para enfrentar la crisis climática, fue entregado al embajador André Corrêa do Lago, presidente de la COP30. La Carta es el resultado de una movilización iniciada aún en 2024, que reunió a movimientos sociales, pueblos indígenas, comunidades quilombolas, pescadores artesanales y organizaciones de la sociedad civil para presionar por una participación política efectiva en las discusiones climáticas. Si la justicia de género sigue al margen de las negociaciones oficiales de las conferencias del clima —como mostró AzMina en este reportaje—, en las calles de Belém la historia es otra. El documento final fue construido durante la conferencia a partir de seis ejes de convergencia que guiaron los debates y asambleas a lo largo de la semana. Uno de ellos estuvo dedicado específicamente al “feminismo popular y las resistencias de las mujeres en los territorios”, donde se discutió cómo la crisis climática impacta de manera diferenciada la vida de las mujeres y cómo ellas han sido protagonistas en las soluciones construidas. “Nuestros cuerpos y territorios son blanco de ataques, pero también son espacios de cuidado y de fuerza. Somos nosotras quienes sostenemos la vida en las comunidades, quienes cuidamos la tierra, el agua, el hogar y a los mayores. Hablar de justicia climática es hablar también de justicia de género, de raza y de territorio”, declaró Ediene Kirixi, lideresa del pueblo Munduruku, durante uno de los eventos de la Cumbre de los Pueblos. Los otros cinco ejes abordaron territorios vivos y soberanía alimentaria; reparación histórica y combate al racismo ambiental; transición justa e inclusiva; democracia e internacionalismo de los pueblos; y ciudades justas y periferias urbanas. Mujeres en la Carta La Carta de los Pueblos fue entregada al embajador de la COP el domingo (17). En su introducción, el texto aborda la realidad de las mujeres y afirma que “las comunidades periféricas son las más afectadas por los eventos climáticos extremos y por el racismo ambiental” y enfrentan “la ausencia de acciones de justicia y reparación, en especial para las mujeres, jóvenes, personas empobrecidas y no blancas”. Racismo ambiental es el término que describe cómo las poblaciones negras, indígenas y empobrecidas están desproporcionadamente expuestas a riesgos ambientales: viven más cerca de vertederos, zonas de deslizamientos de tierra, áreas inundables y territorios contaminados. Los datos muestran que estas comunidades son las que más pierden sus hogares, sus medios de subsistencia y, muchas veces, sus vidas cuando ocurre un desastre climático. En este contexto, las mujeres cargan con el peso adicional de garantizar la supervivencia de sus familias en medio del caos. Según el Censo Demográfico de 2022, la población que vive en favelas y comunidades urbanas en Brasil es 51,7 % femenina. Entre los 15 puntos de reivindicación, el noveno está dedicado íntegramente al trabajo de cuidados, desempeñado mayoritariamente por mujeres. “Los trabajos de reproducción de la vida deben ser visibilizados, valorados, comprendidos como lo que son —trabajo— y compartidos por el conjunto de la sociedad y por el Estado”. Además, la Carta refuerza que las mujeres no deben ser responsabilizadas individualmente por las tareas de cuidado. No es casualidad que, entre las personas que declaran realizar trabajo doméstico y/o de cuidados remunerados, el 93,9 % sean mujeres y solo el 6,1 % sean hombres, según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea). El bloque concluye afirmando: “queremos un mundo con justicia feminista, autonomía y participación de las mujeres”. A lo largo de todo el documento, la palabra “mujeres” aparece cinco veces. Además de los puntos ya mencionados, surge en la lista de grupos que participaron en la construcción de la Cumbre, en la denuncia del genocidio en Palestina —que afecta mayoritariamente a niñas, mujeres y personas mayores— y nuevamente en el punto sobre autonomía y participación femenina. Agendas que se cruzan con las de género La Carta aborda cuestiones que se cruzan con los debates de género, incluso cuando no las nombra explícitamente. “No hay vida sin naturaleza. No hay vida sin la ética y el trabajo de cuidados. Por eso, el feminismo es parte central de nuestro proyecto político”, afirma el documento. La soberanía alimentaria, por ejemplo, es uno de los principales temas del documento y está profundamente vinculada a la vida de las mujeres. El concepto parte de la premisa de que no basta con tener alimentos suficientes, sino que es necesario tener control sobre cómo esos alimentos se producen, se distribuyen y se consumen. Son las mujeres campesinas, indígenas y quilombolas quienes resguardan las semillas criollas, mantienen los conocimientos tradicionales sobre siembra y cosecha y garantizan la alimentación de sus comunidades. Cuando la carta reivindica “reforma agraria popular y fomento a la agroecología para garantizar la soberanía alimentaria”, está hablando directamente del trabajo de estas mujeres. La transición justa es otro concepto que aparece con fuerza en el documento. La propuesta no es simplemente reemplazar los combustibles fósiles por fuentes renovables manteniendo la misma lógica de explotación. Una transición energética justa exige que las y los trabajadores, así como las comunidades afectadas, sean protagonistas del proceso y tengan garantizados sus derechos. Movilización en las calles La agenda de género también estuvo presente en las calles de Belém, ciudad sede de la COP30. El sábado (15), la Marcha Global por la Justicia Climática reunió a miles de personas. La manifestación congregó a pueblos indígenas, quilombolas, pescadores artesanales, estudiantes, sindicalistas y activistas de más de 60 países. Kirtana Chandrasekaran, directora ejecutiva de Friends of the

La Cumbre de los Pueblos lleva las voces de la primera línea a la Blue Zone de la COP30. La Cumbre de los Pueblos lleva las voces de la primera línea a la Blue Zone de la COP30.

Fecha: 18/11/25Hora: 18:30 a 20:00Lugar: Side Event Room 6 (Hangar), Blue Zone. EVENTO PARALELO | LOS VERDADEROS LÍDERES DE LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO: Movimientos Sociales de Primera Línea que Defienden el Clima y la Justicia Social. La Cumbre de los Pueblos rumbo a la COP30, que reunió a más de 24 mil participantes y llevó a 70 mil personas a las calles de Belém en la Marcha por la Justicia Climática, realizará un evento paralelo oficial en la Blue Zone de la COP30, llevando las voces de los territorios y de los movimientos sociales que construyen, en la práctica, la lucha por la vida, el clima y la justicia social. Tras una movilización histórica que involucró a cientos de organizaciones indígenas, quilombolas, ribereñas, costeras, sindicales, feministas, de juventudes, infancias y movimientos populares de todo el mundo, este encuentro dentro de la COP30 será un espacio para reforzar colectivamente los resultados políticos de la Cumbre, profundizar el sentido de la Declaración de la Cumbre de los Pueblos y proyectar las batallas centrales rumbo a la COP30. PROGRAMA DEL PANELModeración: Pablo Neri – Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) Portavoces — Declaración de la Cumbre de los Pueblos:Nilce Pontes – Coordinación Nacional de Articulación de las Comunidades Negras Rurales Quilombolas (CONAQ)Roquin Siongo (Grassroots Global Justice / Micronesia Climate Alliance – Pacífico)Sophie Dowlar (Marcha Mundial de las Mujeres) Portavoces — Lo que viene por delante:Auricélia Arapiun – Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB)Jesús Vázquez (La Vía Campesina)

Cumbre de los Pueblos entrega carta contundente al presidente de la COP30 y convoca al mundo a actuar por la vida

Belém (PA), 16 de noviembre de 2025 — La Cúpula de los Pueblos rumbo a la COP30 culminó hoy, 16, su programación en Belém (PA) entregando al presidente de la COP30, el embajador André Corrêa do Lago, una carta de gran densidad política, construida colectivamente por movimientos, organizaciones y redes que se articularon a lo largo de meses de encuentros preparatorios y de cinco días intensos de debates, manifestaciones en las calles y en los ríos de la ciudad amazónica.El documento expresa la unidad de pueblos originarios, comunidades tradicionales, quilombolas, pescadores y pescadoras, extractivistas, quebradoras de coco babaçu, campesinos, trabajadores y trabajadoras urbanas, juventud, movimientos de mujeres, población LGBTQIAPN+, sindicatos, habitantes de las periferias y luchadores y luchadoras de todos los biomas. Según el texto, el proceso colectivo afirma el compromiso de construir un mundo justo y democrático, basado en el buen vivir y en la fuerza de la diversidad.La carta denuncia que la crisis climática se agrava con el avance de la extrema derecha, del fascismo y de las guerras, y afirma que los países del Norte global, las corporaciones transnacionales y las élites económicas son los principales responsables de las múltiples crisis ambientales y sociales. Hay un fuerte repudio al genocidio del pueblo palestino y solidaridad activa con los pueblos que resisten a proyectos imperiales, a la militarización y a la violación de sus territorios.El texto también reafirma una visión que coloca el trabajo de cuidado en el centro de la vida, reconociendo al feminismo como parte esencial de la respuesta a las crisis. La sabiduría ancestral de los pueblos originarios, la creatividad de los territorios y la fuerza espiritual que orienta las luchas aparecen como fundamentos de soluciones reales y arraigadas.El presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, recibió la carta en un momento en que concluye su propio ciclo de mensajes a la sociedad brasileña e internacional, resaltando la necesidad de que la COP no sea solo un espacio de palabras, sino de acción concreta frente a la emergencia climática. Se comprometió a presentar el documento en los espacios oficiales de la Conferencia del Clima.Entre las voces que resuenan en este proceso está la del cacique Raoni Metuktire, quien, al manifestarse durante la programación de la Cúpula y de la COP30, volvió a alertar que la vida en la Tierra depende de la protección de la Amazonía y que la destrucción del bosque compromete el futuro de toda la humanidad.“Una vez más, pido a todos que podamos dar continuidad a esta misión de defender la vida de la Tierra, del planeta. Quiero que mantengamos esta continuidad de lucha, para que podamos enfrentar a quienes desean el mal, que quieren destruir nuestra tierra”, dijo Raoni.La Carta Final refuerza el compromiso con el internacionalismo popular, la solidaridad entre territorios y la construcción de un Movimiento Internacional de Afectadas y Afectados por represas, crímenes socioambientales e impactos de la crisis climática. Para los movimientos, solo la organización global de los pueblos podrá enfrentar las estructuras que alimentan desigualdades, violencias y el colapso ambiental. El mensaje es claro. Cuando la organización es fuerte, la lucha es fuerte. Es tiempo de avanzar con más unidad y conciencia para enfrentar al enemigo común y defender la vida. Propuestas presentadas por la Cúpula de los Pueblos• Enfrentar todas las falsas soluciones de mercado y afirmar que el aire, los bosques, las aguas, las tierras, los minerales y la energía son bienes comunes y no mercancías.• Garantizar la participación y el protagonismo de los pueblos en la construcción de soluciones climáticas, con reconocimiento pleno de los saberes ancestrales.• Demarcar y proteger tierras indígenas y territorios tradicionales y asegurar políticas de deforestación cero, restauración ecológica y recuperación de áreas degradadas.• Concretar la reforma agraria popular y fortalecer la agroecología como camino hacia la soberanía alimentaria y el combate al hambre.• Enfrentar el racismo ambiental y construir ciudades justas, con políticas de vivienda, saneamiento, regularización fundiaria, transporte público digno y acceso al agua y al verde.• Asegurar participación popular en la formulación de políticas climáticas urbanas y frenar la mercantilización de la vida en las ciudades.• Defender el fin de las guerras y de la militarización y destinar recursos hoy dirigidos al sector bélico a la reparación de regiones afectadas por la crisis climática.• Exigir reparación integral por pérdidas y daños causados por minería, combustibles fósiles, represas y desastres ambientales, con responsabilización de las empresas.• Valorar el trabajo de cuidado y reconocer su centralidad para sostener la vida humana y no humana, garantizando autonomía y justicia feminista.• Construir una transición energética justa, popular y soberana, con protección de los territorios y superación de la pobreza energética.• Defender el fin de la explotación de combustibles fósiles y crear mecanismos que impidan su expansión, especialmente en la Amazonía y en ecosistemas sensibles.• Gravar a las grandes corporaciones y grandes fortunas y garantizar financiamiento público para la transición justa, responsabilizando a los sectores que más lucran con la crisis.• Rechazar modelos de financiamiento climático que refuercen desigualdades y defender estructuras transparentes y democráticas que reconozcan la deuda socioambiental del Norte global.• Fortalecer la protección de defensores y defensoras de derechos humanos y ambientales y enfrentar la criminalización de los movimientos sociales.• Crear instrumentos internacionales jurídicamente vinculantes para responsabilizar a empresas transnacionales por violaciones de derechos humanos y ambientales e implementar plenamente los derechos campesinos como pilar de la gobernanza climática. Carta na íntegra AQUI