14 de noviembre de 2025 – Belém, Pará – El seminario internacional “Transición Energética Justa y Popular para los Pueblos”, realizado durante la Cumbre de los Pueblos en la COP30, reunió a liderazgos comunitarios, trabajadores, organizaciones sociales y representantes de diversos países del Sur Global para debatir los caminos de una transición capaz de enfrentar las desigualdades, reducir los impactos ambientales y garantizar la soberanía energética de los territorios.

El encuentro destacó que los modelos hoy dominantes—basados en la financiarización, los megaproyectos y la expansión de zonas de sacrificio—no responden a las necesidades de los pueblos y, por el contrario, profundizan injusticias históricas. Las intervenciones subrayaron que una transición justa solo es posible con participación social, descentralización, tecnologías apropiables y el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y de las comunidades afectadas, representadas por el Movimiento de los Afectados por Represas (MAB) y el Movimiento de Afectados por Represas (MAR).

Al abrir el debate, representantes de movimientos populares defendieron que la transición energética debe romper con las empresas fósiles y con el mercado financiero, responsables de la crisis climática y de décadas de explotación de los territorios. El llamado central fue por la democracia energética, con control comunitario, justicia social y políticas públicas que prioricen a quienes más sufren los impactos de la crisis climática.

El encuentro también contó con una ronda de testimonios de víctimas de desastres ambientales, que aportaron la perspectiva concreta de territorios que viven las consecuencias de modelos depredadores. Un poema-performance enfatizó que la resistencia nace de la agresión vivida por los pueblos, reforzando que las personas afectadas deben ser reconocidas como protagonistas de la transformación energética.

Gery, trabajador del sector petrolero en Estados Unidos, denunció que las transiciones conducidas por el mercado han dejado comunidades enteras al margen, con el cierre de refinerías, desempleo y abandono. “La transición, tal como se está llevando a cabo, crea más pobreza y más sufrimiento”, advirtió.

Desde Venezuela, Eduardo Castilho, del Frente Ecosocialista por la Vida, criticó la lógica de los megaproyectos y defendió sistemas descentralizados e interconectados que fortalezcan la autonomía popular. Para él, toda matriz energética requiere algún nivel de extracción, y por ello es necesario colocar la vida en el centro del proceso de transición.

Desde Pakistán, Hussam Jarwar denunció la presión de las instituciones financieras internacionales para sustituir el carbón por gas, GNL e hidroeléctricas sin consultar a las comunidades locales. Señaló que este modelo profundiza las deudas, encarece la energía y debilita a trabajadores, mujeres y jóvenes, reforzando la necesidad de articulación internacional contra transiciones impuestas.

En representación de Mozambique, una lideresa comunitaria relató el avance del extractivismo en territorios anteriormente autosuficientes, denunciando la destrucción de los modos de vida y la creciente dependencia de la importación de alimentos. En su intervención, destacó el papel de las mujeres africanas como guardianas de la tierra y defendió la soberanía territorial y modelos sostenibles alineados con las realidades locales.

Al cerrar las intervenciones, Beatriz Dias, joven amazónica del estado de Amapá, exigió la presencia efectiva de la juventud—especialmente periférica, negra, indígena y quilombola—en los debates de la COP30. Para ella, debatir el futuro y el clima sin garantizar el protagonismo juvenil es negar el propio derecho al futuro.

El seminario reafirmó que una transición energética verdaderamente justa es popular, territorializada y construida a partir de las necesidades de los pueblos, con democracia, soluciones comunitarias y el enfrentamiento del modelo extractivista que alimenta la crisis climática.

Fotos: Samara Silva / Ag. EficazPress