07.ago.2025 a las 12h22
Actualizado el 15.ago.2025 a las 12h40
Bajo la presidencia de Brasil, la transformación de los sistemas alimentarios entra en la Agenda de Acción de la COP30
La ONU da más señales de que la agricultura familiar y la agroecología se consolidan como caminos concretos frente a la crisis climática y alimentaria
Transformar la agricultura y los sistemas alimentarios es uno de los seis ejes de la Agenda de Acción Climática Global de la COP30. En un informe publicado esta semana por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que destaca la salida de Brasil del Mapa del Hambre, una de las recomendaciones para evitar la escalada inflacionaria de los alimentos es invertir en sistemas agroalimentarios resilientes, es decir, aquellos con mayor capacidad de recuperarse frente a desastres naturales, el cambio climático y crisis económicas. ¿Podemos concluir que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cada vez da más señales de que la agricultura familiar y la agroecología se consolidan como caminos concretos frente a la crisis climática y alimentaria?
Para comprender los desafíos y oportunidades de la agricultura familiar y la agroecología en la COP30, conversamos con Bruno Prado, doctorando en Ciencias Sociales en el Programa de Posgrado en Ciencias Sociales en Desarrollo, Agricultura y Sociedad de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro (CPDA/UFRRJ). Es además coordinador de proyectos en AS-PTA Agricultura Familiar y Agroecología e integrante del Grupo de Trabajo (GT) Justicia Climática de la Articulación Nacional de Agroecología (ANA).
Prado participó en la reunión preparatoria para la COP30, realizada en Bonn, Alemania, a finales de junio. Señala que, por primera vez, la propuesta de transformar los sistemas alimentarios se incluyó como uno de los ejes de la Agenda de Acción de la COP, que consiste en un conjunto de iniciativas propuestas por la presidencia de cada COP para impulsar decisiones y apoyar las negociaciones formales entre los países.
“La Agenda de Acción es adoptada voluntariamente por diferentes actores en la COP y sirve para impulsar decisiones ambiciosas y fortalecer su implementación. Pero, a diferencia del proceso formal, cuyos temas se deciden multilateralmente, es la Presidencia de cada Conferencia de las Partes la que define su Agenda de Acción”, explica.
“Todavía no se habla explícitamente de agroecología, por ejemplo, pero el papel de la agricultura familiar en la agenda climática está creciendo, y la puerta de entrada a este tema es a través del debate de los sistemas alimentarios”, añade Prado. “La Agenda de Acción ayuda a orientar las negociaciones formales. Los negociadores de los países están discutiendo financiamiento climático y otros grandes temas, pero como este es un tema propuesto por la presidencia de la COP, en este caso la brasileña, abre oportunidades para influir en los resultados de la conferencia”.
En la entrevista, Bruno Prado aborda estas y otras cuestiones, como el papel crucial de la agricultura familiar en las negociaciones climáticas, el tratamiento de la ONU hacia la agricultura familiar y los principales desafíos en esta COP.
Agroecología y Democracia: ¿Qué papel viene ocupando la agricultura familiar en los debates de la COP?
Bruno Prado: El papel de la agricultura familiar (AF) ha sido periférico en el debate climático, pero existen múltiples demandas de organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales para revertir esta situación y garantizar un papel más estratégico en los debates de la COP. Algunos espacios construidos por la sociedad civil pueden destacarse en este esfuerzo: a inicios de junio, por ejemplo, la ANA [Articulación Nacional de Agroecología] estuvo presente en la pre-COP de Agricultura Familiar, en Brasilia, convocada por el Foro Rural Mundial. En la Cumbre de los Pueblos, espacio impulsado por movimientos sociales y sociedad civil que se realizará en paralelo a la COP30, la agroecología y la soberanía alimentaria serán temas centrales. Todo esto ha generado un creciente reconocimiento, buscando superar ese papel marginal de la AF en los espacios formales de gobernanza climática.
¿Cómo trata la ONU a la agricultura familiar?
La ONU reconoce el papel esencial de la agricultura familiar para la seguridad alimentaria, la erradicación del hambre, la resiliencia climática y la sostenibilidad de los sistemas alimentarios. La FAO lanzó una iniciativa importante: la Década de las Naciones Unidas para la Agricultura Familiar (2019-2028), con un plan de acción global que incluye el fomento de políticas públicas, la equidad de género, el acceso a financiamiento y la promoción de sistemas alimentarios resilientes al clima. Este plan también resalta las desigualdades que atraviesa el campo de la agricultura familiar: poco financiamiento en el área climática, desigualdades de género, entre otras.
La agricultura familiar produce más del 80% de los alimentos en el mundo, pero el financiamiento climático aún no presta la debida atención al sector. Según la FAO, las mujeres son propietarias de solo el 15% de las tierras agrícolas, pero representan más del 50% del trabajo agrícola. Para nosotros, estos datos son significativos porque muestran que los grupos más vulnerables son los primeros en verse afectados por los desastres climáticos. Por otro lado, también existen fuertes presiones de los “imperios alimentarios” en los espacios de la ONU, por lo que no se puede hablar de una posición homogénea sobre la agricultura familiar dentro del organismo.
En el documento preparatorio para la COP30 resultante de la reunión de Bonn y concretado en la Agenda de Acción, ¿hubo menciones a la agricultura familiar o a la agroecología?
Bonn representó el movimiento que mencioné antes. Podemos decir que la agricultura familiar y la agroecología vienen apareciendo con más fuerza y buscando protagonismo. En el tema de adaptación, por ejemplo, la agricultura familiar aparece valorizando sistemas alimentarios sostenibles basados en modelos agroecológicos y como estrategia de acceso a alimentos saludables. En el tema de mitigación, la agroecología ocupa un lugar más marginal, pero cumple un papel importante en las críticas a la sustitución de la carne por proteínas alternativas y alimentos ultraprocesados.
Aun así, la Agenda de Acción de la COP30, presentada por la presidencia brasileña, incluyó el tema de la “transformación de los sistemas alimentarios” como uno de sus ejes. Los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil habían reivindicado explícitamente la inclusión de la agroecología en la Agenda de Acción de la COP30, especialmente en los debates con la Presidencia de la COP en Bonn.
¿Qué puntos referentes a la agricultura familiar y al agronegocio deberían entrar en evidencia en esta COP?
En primer lugar, la inclusión de la AF y la agroecología en los Planes Nacionales de Clima, mediante su incorporación efectiva en las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDCs), que son los compromisos de cada Parte para mantener la temperatura por debajo de 1,5 °C, así como en los planes de adaptación y mitigación climática. Este punto es muy importante en esta COP porque es la primera vez que cada país deberá presentar sus NDCs revisadas. Cabe destacar también que Brasil someterá parte de su Plan Clima a consulta pública ahora, en agosto. Otro punto es la creación de mecanismos de financiamiento climático para la agricultura familiar.
La agroecología es una práctica estructurante para la mitigación y adaptación climática, que valora el manejo sostenible de los bienes comunes de la naturaleza, la diversidad productiva y la resiliencia de los territorios. La justicia socioambiental también es una prioridad para nuestro campo, especialmente en lo que se refiere a la participación activa de comunidades locales, pueblos y comunidades tradicionales, juventudes y mujeres rurales en los procesos de toma de decisiones y de gobernanza climática.
La agroecología también cumple un papel fundamental en el enfrentamiento al modelo depredador del agronegocio, basado en el monocultivo, la exportación a gran escala, la dependencia de insumos químicos y la generación de gases de efecto invernadero (GEI). Estos temas reflejan la urgencia de reestructurar los sistemas agroalimentarios a partir de modelos agroecológicos, más justos, sostenibles y centrados en los sujetos colectivos de la agroecología.
¿Qué significaría posicionar la agricultura familiar en la agenda internacional de clima?
En primer lugar, garantizar su visibilidad política en las negociaciones multilaterales, reconociendo el papel estratégico que desempeña frente a la crisis climática. También implica la integración concreta de la agricultura familiar en los instrumentos oficiales de política climática, como las NDCs y los planes de adaptación y mitigación. Lo central aquí es la democratización de la gobernanza de los sistemas agroalimentarios, mediante la descentralización territorial y el fortalecimiento del protagonismo de los sujetos colectivos de la agroecología.
¿Cuál es la diferencia entre la agricultura familiar y el agronegocio en términos de impacto climático?
La agricultura familiar se centra en la diversificación de la producción, en el uso de prácticas agroecológicas y en sistemas agroforestales, con bajo uso de insumos externos y un manejo ético de la tierra. Es ejemplar por su mayor resiliencia frente al cambio climático, por lo que es fundamental tanto para la mitigación y adaptación climática como para la soberanía alimentaria en los territorios.
El agronegocio se basa en un modelo caracterizado por el monocultivo, la alta dependencia de fertilizantes y agrotóxicos, y la expansión sobre áreas de bosque mediante la deforestación. Es un modelo que genera elevadas emisiones de GEI, aumenta las vulnerabilidades sociales en las regiones y está fuertemente orientado a la exportación de commodities agrícolas, siendo por ello altamente impactante en el agravamiento de la crisis climática.
¿Cómo se percibe esto en la práctica?
En la práctica, esto se revela en el contraste entre los sistemas agroecológicos —presentes en propiedades de agricultura familiar y en territorios de pueblos y comunidades tradicionales con prácticas de conservación del suelo— y el modelo del agronegocio —basado en monocultivos de soya, caña de azúcar y ganadería intensiva, que continúan generando deforestación y altas emisiones.
Los colectivos de agroecología, por su parte, construyen circuitos cortos de abastecimiento, con alimentos saludables a precios accesibles, basados en la economía solidaria y en prácticas sostenibles, reforzando la soberanía alimentaria y la democracia desde los territorios.
¿Cuáles son las perspectivas de que la COP30 reconozca la importancia de la agricultura familiar para la reestructuración de los sistemas alimentarios?
En primer lugar, quiero destacar el compromiso activo de la sociedad civil brasileña e internacional en el proceso preparatorio de la conferencia con la agenda de la agroecología, con la formulación y entrega de propuestas a la Presidencia de la COP30. Esto refleja la capacidad de articulación, incidencia y construcción de agendas alternativas.
En este escenario, los espacios de la sociedad civil y los movimientos sociales, como la Cumbre de los Pueblos, tienen gran relevancia porque reúnen movimientos sociales, organizaciones populares, pueblos y comunidades tradicionales, promoviendo el debate público, la articulación internacional y la denuncia de las falsas soluciones junto con la defensa de las cualidades de la agroecología. La Cumbre es una oportunidad concreta para dar visibilidad a las propuestas de la agroecología y ampliar su fuerza política, reforzando la disputa de narrativas e influyendo en el rumbo de la agenda climática global.
En los espacios formales, la inclusión del eje “Transformación de la Agricultura y de los Sistemas Alimentarios” en la Agenda de Acción de la COP30 es una señal de apertura institucional para un debate en el que la agricultura familiar y la agroecología se afirman como caminos concretos frente a la crisis climática y alimentaria.
¿Cuál es el mayor desafío para la agricultura familiar en esta COP?
El principal desafío es traducir las propuestas de la sociedad civil y de los movimientos agroecológicos en instrumentos concretos dentro de los textos oficiales de la CMNUCC [Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático]. Lograr la inclusión explícita de la agroecología, acceso a fondos climáticos adecuados, financiamiento directo para agricultores familiares y pueblos y comunidades tradicionales, y garantizar la participación formal en los mecanismos de decisión. También es necesario enfrentar la lógica dominante del agronegocio, que viene bloqueando las transformaciones. Es preciso que la COP30 avance en justicia climática y en sistemas agroalimentarios resilientes.
Este es un artículo de opinión y no necesariamente representa la línea editorial de Brasil de Fato.
Editado por: Martina Medina
REPRODUCCIÓN DE ARTÍCULO PUBLICADO EN BRASIL DE FATO