Más de 60 organizaciones de Brasil y del mundo estarán en la ciudad sede de la COP30 para trazar estrategias de resistencia global y exigir justicia climática
Por Casa NINJA Amazônia
Del 30 de mayo al 2 de junio, Belém do Pará, en la Amazonía brasileña, será el centro de una articulación global por la justicia climática. La ciudad acoge por primera vez el encuentro presencial de la Comisión Política de la Cumbre de los Pueblos rumbo a la COP30, reuniendo a más de 60 organizaciones, redes y movimientos sociales de Brasil, América Latina, África, Asia y Europa.
La agenda comienza con un acto político el 30 de mayo, a las 16 h, en la Universidad Federal de Pará (UFPA), bajo el lema “De la Amazonía para el Mundo. ¡Justicia Climática Ya!”. Con la consigna “Todos los ríos conducen a Belém. Es hora de escuchar las voces de los territorios. No hay futuro sin nosotras y nosotros”, el acto será un llamado internacional a la acción y a la denuncia contra el racismo ambiental, las falsas soluciones y el colapso climático que avanza sobre los territorios y los cuerpos más vulnerabilizados.
La movilización ocurre en un escenario crítico para el planeta. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), 2024 fue el año más cálido jamás registrado, con una temperatura media global de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Este aumento representa un hito preocupante, ya que supera por primera vez el límite de 1,5 °C establecido como meta en el Acuerdo de París para evitar los peores impactos del cambio climático.
Mientras tanto, las Conferencias de la ONU (COP) siguen sin garantizar financiamiento climático real para los países más impactados. La COP29, celebrada en Bakú, aprobó recursos muy por debajo de lo necesario y abrió espacio para préstamos que pueden endeudar aún más al Sur Global.
En Estados Unidos, el presidente Donald Trump firmó en enero de 2025 una orden ejecutiva para retirar al país del Acuerdo de París por segunda vez, reforzando el aislamiento de EE. UU. en las iniciativas globales contra el cambio climático.
En Brasil, la tragedia climática en Rio Grande do Sul, con más de 160 muertes por inundaciones en 2024, evidencia la ausencia de políticas públicas efectivas de adaptación. Además, el reciente avance del Proyecto de Ley 364/19 en el Congreso brasileño amenaza a los pueblos indígenas, flexibiliza los procesos de licenciamiento ambiental y abre aún más espacio para el agronegocio y la minería ilegal.
En América Latina, África y Asia, crece el número de proyectos que, bajo el discurso de la “transición verde”, expulsan a comunidades tradicionales de sus territorios en nombre de la compensación de carbono y de una bioeconomía orientada al mercado. También aumenta la violencia contra defensoras y defensores ambientales. En 2023, 177 activistas ambientales fueron asesinados en el mundo, 88 de ellos en América Latina, según Global Witness.
Denuncias desde las periferias dejarán al descubierto las contradicciones de la COP30
El acto político en la UFPA se plantea no solo como un momento simbólico, sino como un espacio concreto de denuncia de las falsas soluciones presentadas en los foros oficiales de la COP30. Liderazgos de diversos territorios estarán presentes para mostrar que las respuestas reales a la crisis climática ya se están construyendo en las periferias urbanas, en las comunidades tradicionales y en los quilombos, y que ignorar estas soluciones significa perpetuar los problemas. De este modo, la Cumbre se afirma como un contrapunto popular y legítimo a la narrativa institucional que privilegia grandes obras y los intereses económicos en detrimento de la vida en los territorios.
Entre los casos que serán denunciados se encuentran los de la comunidad de Vila da Barca y del territorio quilombola de Abacatal, que ilustran con claridad lo que los movimientos sociales y ambientales han denominado racismo ambiental. Decisiones tomadas sin consulta trasladan los impactos negativos a poblaciones negras, periféricas y vulnerabilizadas, mientras se promueve una imagen “verde” dirigida al exterior.
Vila da Barca. Racismo ambiental en nombre de la revitalización
En Vila da Barca, una de las mayores comunidades de palafitos de la Amazonía, sus habitantes conviven con los impactos directos de las obras de la Nova Doca, uno de los proyectos de infraestructura urbana vinculados a la preparación de Belém para acoger la COP30. Escombros y aguas residuales provenientes de barrios acomodados están siendo vertidos cerca de la comunidad, sin diálogo ni ningún proceso de consulta. Lo que se presenta como revitalización ha significado en la práctica degradación ambiental, desalojos y violaciones de derechos. “Es racismo ambiental, sí, porque solo arrojan lo que no sirve en los lugares donde vivimos”, afirma Suane Barreirinhas, educadora popular y lideresa comunitaria.
Esta realidad será presentada en el acto como un ejemplo del abismo entre el discurso de sostenibilidad promovido a nivel internacional y las acciones concretas implementadas en las ciudades amazónicas.
Quilombo Abacatal. La carretera que amenaza un territorio quilombola
También será denunciado el caso del quilombo Abacatal, ubicado en Ananindeua, que será directamente impactado por la construcción de la Avenida Liberdade, una carretera de 14 km planificada para “mejorar la movilidad urbana” en la región metropolitana de Belém. La vía atravesará áreas del territorio quilombola, afectando fuentes de agua, espacios de producción agrícola y lugares de valor histórico y espiritual para la comunidad.
A pesar de la elaboración de un Estudio del Componente Quilombola, que señaló que el 100 por ciento de los habitantes se oponen a la obra, el gobierno del estado de Pará avanzó con el proyecto sin cumplir el Convenio 169 de la OIT, que exige consulta previa, libre e informada. La denuncia de esta violación de derechos será uno de los puntos centrales que llevarán las lideresas y líderes quilombolas a la Cumbre.
Los territorios presentarán soluciones reales
Las experiencias y denuncias compartidas durante el acto reforzarán el propósito de la Cumbre de desenmascarar las soluciones de mercado presentadas como sostenibles y de afirmar las prácticas ancestrales, comunitarias y populares como caminos concretos y viables para enfrentar la crisis climática con justicia social. Las soluciones ya se están construyendo en los territorios en forma de agroecología, reforestación comunitaria, gestión popular del agua, economía solidaria y saberes indígenas y quilombolas. Hacer protagonistas a estas voces es lo que dará legitimidad a las transformaciones que la Amazonía y el mundo necesitan.
De la Amazonía al mundo. Los pueblos tienen las soluciones
La Cumbre de los Pueblos propone una agenda enraizada en los territorios, que conecta las luchas por la justicia climática con banderas históricas como la reforma agraria, la agroecología, la soberanía alimentaria, una transición energética justa y el combate al racismo y al colonialismo climático. Más de 700 organizaciones y redes sociales ya se han sumado al proceso desde 2023, incluyendo colectivos de mujeres, pueblos indígenas, juventudes, movimientos urbanos y sindicales.
El encuentro de mayo marca la consolidación de estrategias colectivas de cara al evento principal de noviembre, cuando la Cumbre espera reunir a unas 15 mil personas en Belém para una amplia programación. Además de plenarias para la construcción de una carta de propuestas que será entregada a los liderazgos globales, ya están previstas actividades como una barqueata en la apertura, un Acto Global con marcha en las calles el día 15 y ferias con la participación de organizaciones de América Latina, el Caribe, África, Asia, Europa y Oceanía.
Reproducción del portal Mídia Ninja, con foto de Viviane Bastos. Haz clic AQUÍ.
